Las hojas del otoño vienen a acariciarme
juguetean conmigo,
son cómplices de etapa e intentan consolarme.
Me dicen que a pesar de su aspecto cetrino
guardan una belleza serena y melancólica
que se viste de ocre y reflejo amarillo.
Caen y caen sin cesar sólo queda el origen,
la pura desnudez sin flores ni aderezos.
No temas, me repiten
porque a pesar de todo la belleza pervive.
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