Dame tu nombre, te pido ese regalo.
Quiero que sea el oasis de mi viejo desierto.
Casi no me conoces pero yo te vigilo,
estudio tus horarios y como un centinela
aguardo tu llegada para ver como pasas.
Eres la luz que llega para encender mis ojos,
si un día me sonríes se me derrite el alma.
Regálame tu nombre que yo pueda rezarlo
oírlo de mis labios será como la música.
Y cuando me despierte allá en la madrugada
te llamaré en voz baja y ya no estaré solo.
Pero dame tu nombre que yo pueda mimarlo.
El mundo girará si lo llevo conmigo
atado al corazón y a la piel de mis labios.
Dame un poco de ti, regálame tu nombre.