Galicia llora en su día grandeDecenas de cadáveres yacen
a los mismos pies del Apostol
el día de su Fiesta.
La muerte viajaba en tren
a toda velocidad.
Ni el Santo Apostol
que recibe a diario peregrinos del mundo
en busca de favores,
pudo detenerla.
Galicia llora, pero tragándose sus lágrimas
se entrega en cuerpo y alma.
Para ella todos los heridos son "filliños".
y como tal los trata.
Hoy el mundo la mira,
le regala mil flores,
la descubre en su rincón como heroína.
Llega tarde.
Ella, forjada en el trabajo y el olvido,
ha sido siempre así: generosa y valiente.
Hoy desde mi corazón de gallega vieja,
siento orgullo de mi gente.