
hacia la desembocadura,
después de haber pasado juntos
torrentes, rápidos, cascadas, remansos...
Agradecer por haberme hecho la vida cómoda,
por tu incansable afán
de traer a casa lo más y lo mejor
sólo con tu esfuerzo.
Es verdad que eché en falta otras cosas:
manos de amor, sorpresas de amor,
palabras de amor.
Esas pequeñas gotas de esencia
que alivian la rutina y solean el alma.
He sufrido por ello,
pero con los años aprendí a leer los silencios
en las líneas de tu cara,
cada vez más marcadas y expresivas
verdaderos mensajes para mi.
Costó una vida entera conocerte
pero al fin tengo en mi gratitud.
Pilar