La luna y Venus se miran.
En su eterno movimiento
en el infinito, se han alineado.
Será por poco tiempo.
La luna intenta apurar su creciente,
a la busca de un beso.
Pero las leyes estrictas del cosmos
no lo permiten.
Sólo se pueden mirar de lejos,
llenos de luz y especialmente bellos.
Volveremos a vernos, se dicen,
en ciclos siderales
y nos atraeremos con la misma pasión.
Adiós, dice la luna, resbalo hacia el oscuro.
Agárrate a un lucero que se quede hasta el alba,
espera un poco más.
Es inútil, la luz del sol se acerca y nos devorará.
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