Repito con frecuencia la palabra mamá para poder escucharla de mi propia voz.
Digo mamá poque no quiero que pase a mi diccionario particular de las palabras perdidas.
Digo mamá, aún sabiendo que no obtendré aquella atenta y amorosa respuesta
que seguía siempre a esa palabra mágica.
Digo mamá porque el niño que vive en mí no se resigna a la orfandad.
Digo mamá porque es la primera y última palabra que aloja nuestra mente.
Digo mamá por si en el intento de convocatoria a su esencia eterna,
quizás me respondiera.
Pilar
Enhorabuena por tan bellas publicaciones.Me enorgullece tener una amiga con unas cualidades tan maravillosas.
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