Hoy hemos coincidido,
besos en la mejilla, casi protocolarios
¿pero tú, por qué tiemblas
si los días, los años, golpearon las brasas
y ahogaron el fuego?
Mi corazón que entonces se hubiera desbocado
continuó impasible, ¡qué pena!
su rutinario andar
mientras el tuyo galopaba sin freno
a punto de explotar.
Acaso aún siga ahí al borde del camino
en un cofre oxidado, aquel deseo ardiente
de devorar la vida juntos
y quieres despertarme.
Pero sólo es recuerdo, aquella habitación
entre besos, caricias
sin tiempo, sin espacio, en otra dimensión.
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