gesticulan, ya, adioses.
Se llevan los largos días de sol y mar
las cortas noches de terrazas al calor de la amistad,
el delicioso café vespertino en Doniños
bajo hermosos racimos mudando al color de setiembre.
Muy cerca los árboles, la música en agudos de los pájaros
y allá a lo lejos la otra en graves del mar, como una letanía,
que completa la partitura.
Todo un conciero maravillosamente orquestado
por la Naturaleza para ser escuchado.
Siempre te esperaré, verano,
porque abres mi corazón a los placeres
sencillos, pero inmensos, que recargan mi invierno. Pilar
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